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Canalizando AlmasRomina LB

Inicio · Sobre mí

Quién soy

Romina LB

Podría decirte que todo empezó a los treinta y dos. Sería más fácil de contar.

Romina LB, canalizadora y médium, sonriendo al aire libre
Mi historia

No empezó conmigo

Sería más cómodo contarlo así: un despertar espiritual abrupto, una fecha, un antes y un después. Pero la verdad es que todo empezó mucho antes de que yo naciera.

Mi mamá es vidente de nacimiento. Creció viendo lo que los demás no veían, en una época en la que no existía la información que hay hoy: nadie a quien preguntar, nadie que le dijera que no estaba loca. Vivió su don en una soledad enorme. A los treinta y cinco años pidió dejar de ver. Y dejó de ver.

Aun así, en mi casa esto nunca fue un tema prohibido. Sus experiencias formaban parte de nuestra vida familiar como cualquier otra cosa, y hablar de estos temas se sentía completamente natural.

Hoy entiendo que ahí me dieron dos cosas a la vez: la certeza de que era real, y el aviso de lo que pasa cuando cargás algo así en soledad.

Mediumnidad evidencial Registros Akáshicos Sesiones online
El camino

Momentos que me trajeron acá

De niña

Un señor sentado en el salón

En varias de las casas donde vivimos percibíamos presencias. Me generaban respeto, pero nunca miedo — que no es lo mismo. Me acuerdo especialmente de un señor sentado en el salón, de noche, cuando cruzaba de mi cama a la de mis padres. No me hacía nada. Simplemente estaba allí. Eso sí: yo caminaba un poco más rápido.

A los quince

Una llamada desde Uruguay

Viví mi primer y único viaje astral involuntario. Desde España presencié, en tiempo real, un acontecimiento que estaba ocurriendo en Uruguay. Al despertar se lo conté a mi hermana, que estaba conmigo.

Esa misma tarde sonó el teléfono. Llamaban desde Uruguay para contarnos exactamente lo que yo había descrito unas horas antes.

No entendí cómo había sucedido. Guardé esa experiencia en un cajón, y ahí se quedó durante muchos años.

A los treinta y dos

La crisis que abrió la puerta

Todo cambió en medio de una crisis personal profunda, de esas que te obligan a mirar hacia adentro porque ya no queda ningún otro sitio donde mirar.

Buscando entender lo que veía y lo que sentía, llegó a mi vida Mechi. Ella me hizo mi primera lectura de Registros Akáshicos y me habló de un don que yo todavía ni siquiera comprendía.

El año del bloqueo

Ver, y no saber qué hacer con lo que veía

Poco después hice mi primer taller de Registros Akáshicos. Para entonces ya había empezado a ver almas con el ojo físico, y en las prácticas esas experiencias se volvieron cada vez más habituales.

Y me bloqueé. No por miedo: por responsabilidad. Decirle a alguien que su ser querido está ahí, sin saber cómo sostener lo que viene después, me parecía demasiado grande.

Durante un año entero evité abrir mis propios registros. Porque abrirlos significaba ver, y ver sin herramientas para gestionarlo me agotaba profundamente.

Y entonces,
la mediumnidad

El taller que lo desbloqueó todo

Una amiga me habló de un taller y lo sentí como una señal. Y era exactamente eso: mi bloqueo no venía del don, venía de no saber cómo sostener el encuentro con las almas.

Me formé y practiqué muchísimo. En mitad del proceso, una enfermedad me obligó a parar — y esa pausa forzada acabó regalándome el tiempo que necesitaba para dedicarme por completo a formarme. Fue un camino intenso, desafiante y profundamente hermoso.

Hoy

El lugar correcto

Fue ahí donde mi alma sintió que, por fin, estaba donde tenía que estar. Desde entonces no he dejado de acompañar a personas en sesiones, y con el tiempo tomé la decisión de dejar mi trabajo anterior para entregarle a este camino el cien por cien de mi energía.

Hoy lo vivo con una gratitud enorme, y con la certeza de que es exactamente a esto a lo que vine.

La historia de mi mamá abrió el camino para que hoy yo pueda abrazar este don de otra manera.

Desde dónde trabajo

Lo que sostiene cada encuentro

La evidencia, primero

A los quince, una llamada de teléfono me confirmó lo que había visto. Nunca olvidé lo que eso me dio. Por eso trabajo con mediumnidad evidencial: primero los detalles que solo ustedes dos comparten, después el mensaje.

Nadie debería cargar esto en soledad

Vi de cerca lo que le cuesta a una persona vivir en soledad lo que ve y lo que siente. Vi a mi madre renunciar por eso. Sea lo que sea lo que traigas, acá no vas a sentirte fuera de lugar.

Respeto, no miedo

De niña, las presencias que percibía me generaban respeto, pero nunca miedo. Trabajo desde ahí: nada de lo que aparece en una sesión llega con la intención de asustarte.

Si algo de esto te resonó

Contame qué te trae